Uno
más uno siempre dan dos, tan claro y rígido como las matemáticas. ¿Es este el rumbo de nuestra civilización en la
tierra? Capitalismo, mercados, empresas internacionales e industrias
hambrientas de mano de obra barata, misma mano que produce pan y jamás llega a
probarlo, hablamos de migrantes, aviones y barcos que recorren el mundo,
empresas que no solo transportan personas sino culturas, un mundo globalizado
como sucede cada vez más en el siglo
veintiuno.
Un
movimiento se está alzando desde hace mucho tiempo y logro hacerse notar en
1999 cuando manifestantes llenaron las
calles de la ciudad de Seattle Contra la Organización Mundial de Comercio en
los Estados Unidos de América. Ahora es
el Foro Social Mundial la máxima expresión del altermundismo, que busca una
nueva opción de vida, rechazando las prácticas capitalistas y la globalización
Este foro
nacido en Porto Alegre, Brasil, en enero de 2001 y su lema “Otro mundo es
posible” marcó un hito en la trayectoria de este movimiento: los altermundistas
dejaron por un momento de gritar sus inconformidades y empezaron a decir a
favor de qué están.
El significado de globalización
ha sido malentendido, no se trata de una homogeneización cultural a nivel
mundo, se trata de la comunicación entre habitantes del planeta, las etiquetas
de nacionalidad nos llevan a segmentarnos y actuar conforme al sistema, es este
mismo actuar el que puede hacernos ver que no por ser distintos tenemos que
tomar el lugar de dominantes y dominados, sino unir la fuerza para lograr un
desarrollo sin destruirnos entre humanos ni aniquilar a la naturaleza.

El camino de este movimiento en México es lento,
sin embargo cada vez más personas aportan su granito de arena haciendo un
cambio en su hogar, su comunidad y su entorno más cercano, no propongo que el
método para un cambio sean protestas o enfrentamientos violentos, el método
para lograr una mejora mundial es el actuar cotidiano, el renacimiento de la
fuerza colectiva será el movimiento que
logre voltear la cara de una moneda que se ha cansado de fracasar.
Karen
Espinoza
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